Anasayfa | 100 Cuestiones y Respuestas Sobre la Creencia

¿Qué hace la creencia ganar al hombre?


El hombre asciende hasta lo más alto con la luz de la creencia y gana un valor que le hace merecer el Paraíso. Él desciende hasta el punto más bajo con la oscuridad de la incredulidad y alcanza un estado que le hace merecedor del Infierno. La creencia es una adhesión. Es una conexión luminosa que conecta el hombre a Al-lah. El lograr una conexión con Al-lah es sólo posible a través de la creencia. El valor eal del hombre depende de su conexión y su cercanía a Al-lah. La dignidad y el prestigio de una persona se incrementan en relación a su cercanía al sultán. Del mismo modo, el valor del hombre se incrementa en relación a su cercanía a Al-lah.

En este universo, si el hombre se conecta con Al-lah y se refugia en Él entonces puede convertirse en el califa de Al-lah sobre la tierra, Su funcionario, Su invitado e incluso Su amigo gracias a la creencia. Esta conexión de amistad con Al-lah sólo puede ser lograda a la luz de la creencia. La creencia es una luz tal que el hombre ve la realidad de todo gracias a ella. Él percibe las razones y los significados ocultos de los seres y comprende que ellos no fueron creados en vano.

El más hermoso sentimiento del hombre es el amor. Si la creencia no existiera este afecto pondría al hombre en angustiosos problemas. Así por ejemplo, una madre cuyo único niño muere, siente esta tortura espritual de forma plena si ella no es consciente del Más Allá.

El amor que es iluminado por la creencia hace a todos los seres amigos del hombre. De este modo, una conexión de amor es establecida entre el hombre y su medio ambiente. El sentimiento de estar eternamente junto a su gente le hace feliz. Así, por ejemplo, cuando el niño de una madre está a punto de morir y el médico le da una medicina y aquel vuelve en sí, la madre se siente muy feliz y aliviada. Del mismo modo, millones de personas que amamos y en las que estamos interesados, como el caso de este niño, quedan separadas de nosotros por la muerte, pero si vemos este asunto a la luz de la creencia, sabremos que ellas no desaparecerán eternamente. De este modo, los problemas y preocupaciones se transforman en una felicidad y deleite sin fin.

Si el hombre se ve privado de la creencia, la ansiedad de verse eternamente alejado de la gente a la que se ama será una tortura como el Infierno. Cabe recordar que la cosa más valiosa del hombre es su mente. Si la mente cae en el politeísmo y la no creencia ella envía al corazón los sufrimientos y problemas del pasado, que están causados por la eterna desaparición de los seres queridos. Además, su ansiedad por su desaparición en el futuro transforma su mente en un instrumento de tortura. De esta forma, el pecador puede caer en el alcohol y otros vicios para escapar de los problemas que su mente le genera.

Si la mente es iluminada por la luz de la creencia, el pensamiento de estar junto con sus parientes y amigos fallecidos en el Paraíso llena su mundo. Esto le hace amar la vida y a las criaturas. Su amor hacia su Señor, que hará posible que se reúna con las personas a las que ama y que le dará a él y a ellos la bendición eterna, se incrementará. La mente obtiene su valor real así con la luz de la creencia.

Si el ojo del hombre es iluminado con la luz de la creencia, entonces él ve todo el universo en forma de un paraíso adornado con rosas y albahaca. Él contempla las obras de arte, la gracia y la ayuda de Al-lah. Él mira a su alrededor con atención, comprende las evidencias que muestran la existencia y unidad de Al-lah en todas las cosas y extrae lecciones de ellas para reforzar su creencia. El universo se convierte en un gran libro a sus ojos. Él lee los significados ocultos en este libro del universo.

Cuando el tímpano queda iluminado por la luz de la creencia, oye las voces espirituales que provienen del universo. Comprende la glorificación de Al-lah que es llevada a cabo en el lenguaje de la naturaleza. Oye las canciones de los vientos, los gritos de las nubes y los bellos sonidos de las olas del mar gracias a la luz de la creencia. También escucha las palabras divinas y la glorificación exaltada de Al-lah que hay en el chapoteo de la lluvia, el trinar de los pájaros y el parloteo de los insectos. El universo se convierte entonces en un concierto de música divina. El alma y el corazón de un hombre se llena, de este modo, de deleites y placeres.

Sin embargo, cuando ese oído está bloqueado por la incredulidad, se ve privado de estos sonidos deliciosos y espirituales. Los sonidos que dan placer se transforman en sonidos de lamento. Los significados elevados y bellos en el corazón son reemplazados por el pesar. Los sonidos que provienen del sentimiento de estar eternamente solo llenan su mundo. Sólo oye los sonidos de las tribulaciones y las agonías causados por el sentimiento de carecer de dueño y estar desprotegido. Este estado le hace vivir en un auténtico infierno.

Así pues, la creencia hace al hombre ganar tal felicidad y bendición, tal deleite y confort y tal honorable rango que esto no puede ser definido con palabras. El punto de vista del creyente sobre el universo es positivo. Él lo ve todo como algo bueno, tiene buenos pensamientos y siente el placer de la vida. Él ve a todos los seres del universo como sus amigos y hermanos. Todo le resulta familiar y se siente estrechamente conectado con el resto de los seres con los vínculos de la unidad, que son tantos como los nombres de Al-lah. El mundo es una cuna de hermandad para él.

La luz de la creencia ilumina el mundo del hombre y el universo. Salva el pasado y el futuro de la oscuridad. Honra al hombre y lleva la perfección a la esencia del universo. Añade valor a su valor. Todos los seres del universo obtienen un significado gracias a la creencia. Los acontecimientos dejan de ser una coincidencia. El hombre comprende que ellos tienen lugar dentro del plan y el programa de Al-lah.

El creyente ve la huella, la esencia y el rostro de la gracia de Al-lah en todas las cosas gracias al punto de vista positivo que ha obtenido por la luz de la creencia. Así por ejemplo, él contempla los infortunios tales como las enfermedades desde una óptica optimista. Él cree que esto le compensará por sus pecados, fortalecerá su alma, le hará ganar buenas acciones e incrementará su rango y, de este modo, se consolará.

El no creyente mira al universo y los acontecimientos desde el punto de vista negativo y con desconfianza. La incredulidad es como una lente oscura que lo muestra todo feo y oscuro. El incrédulo ve los seres como resultado del azar y la coincidencia. Desde el punto de vista del incrédulo nada tiene un propósito. Todos los seres son extraños y enemigos unos de otros. Él cree que todos las criaturas avanzan rápidamente hacia el mundo de la no existencia. El temor y la ansiedad, fruto de su creencia de que él mismo caerá en la oscuridad y la nada eterna, convierten el mundo en una prisión para él. Su mundo está lleno de oscuridad y problemas. Su alma está rodeada por el resentimiento, el odio y la desconfianza en lugar de por las luces del amor y el afecto. Tal hombre vive la vida del infierno en su mundo antes de ir al Infierno.

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