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El Destino Y el Libre Albedrío Parcial


El destino y el libre albedrío parcial son partes de una creencia consciente que determina los límites del Islam. Ellos no son científicos o teóricos. Sin embargo, todo el mundo sabe, por su propia consciencia, que posee un libre albedrío parcial y que puede dirigir sus acciones según sus intenciones, inclinaciones y deseos.

Cuando el creyente quiere quitarse de encima su reponsabilidad atribuyéndole todo a Al-lah, ya que todo ocurre como resultado de la determinación y creación de Al-lah, el libre albedrío parcial aparece ante él y le dice: “Tú preferiste hacer esto siguiendo tus propios deseos, así que tú tienes la responsabilidad”. Y cuando el nafs (alma) dice: “Si es mi responsabilidad, entonces todas las buenas acciones que he realizado me pertenecen”, el destino aparecerá ente él y le dice: “Conoce cuál es tu lugar; no eres tú quien las has realizado”. De este modo, el destino proteje al nafs del orgullo y traza el límite al extremo de esta creencia. El libre albedrío parcial atribuye la responsabilidad al nafs y fija el límite al otro extremo. Este tema no es científico ni teórico, sino de pura consciencia; sin embargo, entra dentro de lo razonable si atendemos a los siguientes ejemplos.

La causa y el efecto pertenecen a Al-lah

Al-lah ha creado una causa para todo. Él ha determinado la forma de obtener manzanas a través del cultivo de las mismas. Aquí vemos que el manzano es la causa y la manzana es el efecto. Al-lah es el que ha creado ambos. La madre y el padre son la causa y el niño es el efecto. Pero es Al-lah quien creó la madre y el padre. Él crea el efecto según la causa que tenemos.

De igual modo, Al-lah nos ha ordenado realizar algunos tipos de adoración y alcanzar los frutos de la recompensa por ellos. La adoración es aquí la causa y la recompensa es el efecto; ambos provienen de Al-lah. Cuando el hombre desea las acciones con su voluntad, Al-lah las crea. Al-lah dice espiritualmente: “Siervo mío. adonde quieras ir con tu voluntad, Yo te llevaré por ese camino. Así pues, es tu responsabilidad”.

Así por ejemplo, supongamos que llevas a un niño sobre tus hombros y le dices: “Yo te llevaré donde tú desees. El niño quiso ir a una gran montaña, pero allí él sintió allí frío y tú le dices: “Tú quisiste venir aquí” y le das un sopapo. De este modo, Al-lah hace de Su divina voluntad una condición para que sea ejercitado el libre albedrío parcial del hombre. Ésta es su ley inalterable.

Es Al-lah el que lo crea todo. Él nos informa sobre la causa y su efecto. Al-lah promete que Él responderá cuando el hombre quiera algo. Si Su sabiduría lo encuentra apropiado, Él dará al hombre lo que desea o algo mejor o no le dará nada y dejará esto para el Más Allá, lo que será más fructífero para el hombre. A menos que el hombre desee realizar algo con su libre albedrío parcial, Al-lah no lo crea. De este modo, la divina voluntad y el poder absoluto de Al-lah son una condición para que se materialice el libre albedrío parcial del hombre. Al-lah crea lo que el hombre desea, ya sea bueno o malo. En consecuencia, el hombre es responsable de sus actos porque es él el que busca y desea hacer algo con su libre voluntad parcial.

Podemos comprender esto con el ejemplo del ascensor. Supongamos que existen grupos de personas hablando en cada piso de un edificio de diez plantas y que el sótano está lleno de animales salvajes y venenosos. Es tu voluntad determinar donde irá el ascensor. El ascensor te llevará al piso cuyo botón pulses. De este modo, el ascensor opera según tu voluntad. Si quieres ir a un buen lugar, te conducirá allí. Si quieres ir al mal lugar, también te llevará allí.

Nuestro libre albedrío parcial es como el ejemplo visto antes. Al-lah nos informa sobre lo que está bien y lo está mal a través de Sus Profetas y Libros. Estamos en posición de escoger una de estas alternativas correctas o erróneas con nuestro libre albedrío parcial. La divina voluntad de Al-lah, que alcanza a los seres humanos y a todas las criaturas, y Su poder absoluto quedan sometidos al libre albedrío parcial del hombre; Al-lah crea lo que el ser humano quiere. La única cosa que poseemos es nuestra elección, el acto de pulsar el botón del ascensor. Tras efectuar esta elección, todas las demás acciones, desde el funcionamiento de los órganos de nuestro cuerpo hasta todas las actividades del Universo, son creadas a ese efecto por la divina voluntad y el poder absoluto de Al-lah.

Una visión correcta del destino

Una persona que ha mejorado espiritualmente ve el poder de Al-lah en todo y dice: “Tanto la gracia como la aflicción que vienen de Al-lah son buenos”; él considera buena cualquier cosa que Al-lah hace. Sin embargo, una persona que no mejora espiritualmente utiliza el destino como excusa frente a los problemas y desgracias del pasado. Él ve la negatividad como resultado del destino y tal enfoque incrementa su aflicción y problemas.

El Islam no aprueba la utilización del destino para los temas relativos al futuro. Es decir, un estudiante no puede decir: “Si ser profesor es mi destino, seré profesor. No tengo que ir a la universidad”. Él debe estudiar y adoptar las medidas necesarias para llegar a su meta. Si logra sacar el título de profesor, entonces se considera que ése es su destino. Del mismo modo, una persona no debe decir: “Si el ser atropellado por un coche es mi destino, un coche me atropellará”. Y, de este modo, cruza la calle con un fuerte tráfico y los ojos cerrados. Él debe adoptar las medidas de precaución necesarias para cruzar esa calle. Si él es atropellado por un coche, entonces se considera que ése era su destino. De igual modo, una persona no puede decir: “Si soy estoy destinado al Paraíso, iré al Paraíso; si estoy destinado al Infierno, iré al Infierno, Entonces ¿para qué voy a realizar los actos de adoración?”.

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