Anasayfa | Fundamentos de la Fe | La creencia en Al-lah

La existencia de Al-lah


Existen cientos de evidencias que declaran la existencia y unidad de Al-lah en el Sagrado Corán.

“¿Es que no consideran cómo han sido creados los camellos, cómo alzado el cielo, cómo erigidas las montañas, cómo extendida la tierra? (88:17-20)

Se pide al hombre que mire a los seres que le rodean y conozca y encuentre a su Creador contemplándolos. En algunos versos se declara que es imposible que aquellos que contemplen los seres nieguen la existencia de Al-lah.

En otro verso de similar contenido se señala:

“Si les preguntas: “¿Quién ha creado los cielos y la tierra y sujetado el sol y la luna?”,

seguro que dicen: "¡Al-lah!” ¡Cómo pueden, pues, ser tan desviados!” (29:61)

Dado que las cosas existen y están llenas de arte y sabiduría, ellas claramente han de tener un creador y un hacedor. El Universo puede ser comparado a un libro lleno de significados, a una ciudad magnífica y perfecta o incluso a una maravillosa obra de arte. Del mismo modo que el libro tiene un escritor, el libro del Universo ha de tener también el suyo. Quien escribe el libro es también el escritor de cada letra. Quien sea el creador del Universo ha de serlo también de todos los seres que se hallan en él. Quién posee el campo, posee también las cosechas.

Quien sea el hacedor y el creador del árbol también posee su fruto. Si el Universo es un árbol, entonces el hombre, que es un fruto de este árbol, es obra del creador de éste también. Un ser que no pueda crear el árbol, no podrá crear el fruto tampoco. Así pues, quien sea el creador del Universo es también el creador del hombre.

Al-lah, que ha creado el ojo del hombre y le ha dado la capacidad de ver, creó el sol también. El ojo no podría ver si el sol no existiera. De este modo, el ser que colocó el ojo en el rostro del hombre es el Mismo que situó el sol, que es el ojo del cielo, en su lugar.

Así pues, del mismo modo que un alfiler tiene un creador, todos los seres del universo, cada uno de los cuales es una obra de arte, tendrán su hacedor y artista.

Si comparamos el universo a una magnífica ciudad, cabe decir que de la misma forma que existe un gobernador en cada ciudad, así también habrá un gobernador en esta ciudad del universo, que actúa como un sistema y en base a un orden. Y él sólo puede ser Al-lah.

La mente y la consciencia del hombre aceptan la existencia de un Creador y la ciencia lo prueba. Cuando tomamos en cuenta a un ser vivo tenemos que ver las diferentes alternativas:

a- Que algunas causas o elementos hayan hecho a ese ser.
b- Que este ser se halla hecho a sí mismo.
c- Que la naturaleza pueda haberlo hecho.
d- Que un ser todopoderoso pueda haberlo creado.

No hay otra forma que un ser halla llegado a la existencia a través de las primeras tres alternativas mencionadas. Éstas son imposibles en términos tanto lógicos como científicos. La creación del ser necesita, pues, la existencia de Al-lah. Esto puede ser explicado por el ejemplo de una farmacia.

Imaginemos que existe una farmacia en la que hay varios cientos de envases y ampollas llenos de diferentes sustancias. Si necesitamos algunos de esos medicamentos, vamos a esta farmacia y vemos que hay una gran abundancia y variedad de ellos. Examinamos todos ellos y vemos que sus ingredientes han sido añadidos en forma variada pero precisa en cada uno de tales envases y ampollas. Unos gramos de una sustancia en uno de ellos, algunos más en otro y así. Si en uno de ellos hubiera demasiados gramos o demasiado pocos, el medicamento perdería sus especiales propiedades. De esta forma, las cantidades de ingredientes de cada uno de estos medicamentos son todas diferentes. ¿Es de alguna manera posible o probable que las ampollas y envases se hubieran abierto por una extraña coincidencia o una súbita ráfaga de viento, y que unas cantidades diferentes y precisas de sustancias se hubieran juntado en ellos en la justa proporción para formar los distintos medicamentos? ¿Hay algo más imposible, supersticioso y absurdo que esto?

Del mismo modo, cada ser vivo puede compararse con uno de estos medicamentos. Cada uno de ellos está compuesto de una materia que es el resultado de la combinación precisa de muchas y variadas sustancias. Si se afirma que estos seres han sido creados por diversas causas y elementos, esto es cientos de veces más irracional, imposible y absurdo que afirmar que los medicamentos de la farmacia pueden haber sido el resultado de que las ampollas y envases fueran abiertos por accidente.

Utilicemos ahora este ejemplo para un ser humano, animal o planta. Los ladrillos de este ser vivo son las células. Estas células se unen en precisas cantidades y constituyen diferentes tejidos, y los tejidos a su vez constituyen órganos, sistemas y finalmente organismos vivos que llegan a la existencia. Existen miles de diferentes moléculas incluso en las células que poseen la más simple estructura. Cada una de estas moléculas tiene una tarea distinta. Todas ellas tienen elementos comunes. Sin embargo, diferentes células, diferentes individuos e incluso diferentes especies surgen gracias a las combinaciones de diferentes cantidades de estos elementos. Así por ejemplo, la formación de seres como las abejas y las hormigas es imposible que esté causada por estos solos elementos, que carecen de inteligencia, conocimiento, consciencia, vista u oído, ya sea por sí mismos o en cooperación con otros factores como el viento o las tormentas. Esos elementos y factores no se crean por sí solos sino que necesitan, a su vez, ser también creados.

Los medicamentos y remedios preparados en una farmacia en cantidades precisas muestran la existencia de un experto químico o farmacéutico que los prepara. Del mismo modo, la creación de cada ser vivo muestra la existencia de un maravilloso creador, que conoce, ve y tiene consciencia y sabiduría.

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