Anasayfa | Fundamentos de la Fe | La Creencia

Lo que la creencia aporta al ser humano


El hombre asciende al punto más alto con la luz de la creencia y obtiene un valor que le hace ser merecedor del Paraíso. Y desciende al punto más bajo con la oscuridad de la incredulidad y alcanza así un estado que le hace ser merecedor del Infierno. La creencia es una conexión luminosa que une al hombre con Al-lah. El establecer una conexión con Al-lah es sólo posible a través de la creencia. Y cabe señalar que el valor real del ser humano depende de su conexión y su cercanía a Al-lah. La dignidad y el prestigio de una persona se incrementan según lo cerca que esté de un sultán; del mismo modo, el valor del ser humano se incrementa en base a su cercanía a Al-lah.

En este universo, si un hombre está conectado a Al-lah y se refugia en Él, entonces puede convertirse en un califa de Al-lah en la tierra y ser su representante, su invitado o incluso su amigo gracias a esta creencia. Esta conexión de amistad con Al-lah sólo puede ser lograda a través de la creencia. La creencia es una luz que permite al hombre ver la realidad de todo. Él comprende las razones ocultas y el sentido de la existencia de los seres y también que éstos no han sido creados en vano.

El sentimiento más hermoso del hombre es el amor. Si la creencia no existiera, este amor causaría al hombre numerosos problemas y aflicciones. Así por ejemplo, una madre cuyo único y querido hijo fallece, sufrirá una enorme tortura espiritual si ella no es consciente de la existencia del Más Allá.

El amor que está iluminado por la creencia hace que todos los seres sean amigos del hombre. Se establece así una conexión de amor entre el hombre y su entorno. El sentimiento de estar eternamente juntos con las personas a quien uno ama, le hace feliz. Así por ejemplo, cuando el hijo de una madre está a punto de morir y un doctor le da una medicina y se cura, la madre se sentirá feliz y aliviada.

Del mismo modo, millones de personas a las que amamos y en las que estamos interesadas, como sucede en el caso de esta madre y su niño, están separadas de nosotros por la muerte. Pero si vemos este asunto a la luz de la creencia, sabemos que no desaparecen para siempre. De este modo, los problemas y aflicciones se transforman en una felicidad y consuelo infinitos.

Si el hombre se ve privado de la creencia, la ansiedad de verse separado para siempre de las personas a las que ama le hará sentir una tortura similar a un infierno. La cosa más valiosa del hombre es su mente. Si la mente cae en un estado de incredulidad, ella envía los sufrimientos y traumas procedentes del pasado y causados por la desaparición de los seres queridos al corazón. Además, la ansiedad derivada de la previsible desaparición de uno mismo en el futuro transforma la mente en un instrumento de tortura. Así pues, el no creyente busca generalmente refugio en el alcohol u otras distracciones para escapar a los problemas que la mente le plantea.

Si la mente es iluminada por la luz de la creencia, la certeza del hombre de que volverá a estar junto a los parientes y amigos fallecidos en el Paraíso le llena y le hace ver este mundo de otra manera. Le hace amar la vida y a las criaturas. Su amor hacia su Señor, Que hará posible que él se una a sus seres queridos y les otorgará a él y a ellos una bendición eterna, se incrementará. La mente se transforma así gracias a la luz de la creencia y alcanza su valor real.

Si el ojo del hombre se ilumina con la luz de la creencia, entonces ve todo el universo en forma de Paraíso adornado con rosas y albahacas. Él ve la gracia y la mano de Al-lah en todos los seres a los que mira. Contempla lo que hay a su alrededor y extrae lecciones. Comprende que las evidencias demuestran la existencia y unidad de Al-lah en todo y extrae lecciones de ellas que refuerzan su creencia. El universo se convierte a su vista en un gran libro y es capaz de leer los significados ocultos en él.

Cuando el tímpano se ilumina con la luz de la creencia, oye voces espirituales que proceden del universo. Escucha la glorificación de Al-lah. Oye las canciones de los vientos, el llanto de las nubes y los bellos sonidos de las olas del mar gracias a la luz de la creencia. Oye las palabras divinas y la exaltada glorificación de Al-lah que realiza cada ser o cosa viviente, como las salpicaduras de la lluvia, el cantar de los pájaros y el lenguaje de los insectos. El universo se convierte en un conjunto de música divina. El alma y el corazón del hombre se llenan de esta forma de deleites y placeres.

Sin embargo, cuando el oído queda bloqueado por la incredulidad, es privado de aquellos sonidos deliciosos y espirituales. Los sonidos que producen placer se transforman en lamentos. Los elevados y bellos significados son reemplazados en el corazón por la aflicción y el dolor. Los sonidos que proceden del estado de eterna soledad llenan su mundo. Sólo los sonidos de los problemas y la agonía producidos por su estado de falta de pertenencia y desprotección. Este estado convierte su vida en un infierno.

Así pues, la creencia hace que el hombre obtenga esta gran felicidad y bendición, una dicha y consuelo y un rango tan alto que no pueden ser descritos. El punto de vista del creyente sobre el universo es positivo. Él lo ve todo desde una perspectiva positiva, tiene buenos pensamientos y disfruta de los placeres de la vida. Él ve a todos los seres del universo como sus amigos y hermanos. Todo le resulta familiar. Todas las cosas están estrechamente conectadas unas con otras con tantos vínculos de unidad como los nombres de Al-lah. El mundo es como una cuna de hermandad para él.
 
La luz de la creencia ilumina el mundo del hombre y todo el universo. Salva el pasado y el futuro de la oscuridad. Honra al hombre y hace que perciba la perfección que existe dentro del universo. Añade valor a su valor. La existencia de todos los seres del universo cobra sentido gracias a la creencia. Los acontecimientos dejan de ser una mera coincidencia. Todo lo que ocurre es visto como parte del plan de Al-lah.

El creyente ve la huella, la esencia y la manifestación de la gracia de Al-lah en el interior de toda cosa negativa gracias al punto de vista positivo que él ha obtenido a la luz de la creencia. De este modo, él ve las desgracias, tales como las enfermedades, desde el lado positivo. Él cree que ellas compensan sus pecados, fortalecen su alma, le hacen ganar buenos actos e incrementan su nivel, y se consuela así.

El no creyente mira el universo y los acontecimientos desde el lado negativo y la duda. La incredulidad es como unas lentes negras que lo muestran todo feo y oscuro. Ella hace ver a los seres como el resultado de la coincidencia y el azar. Desde el punto de vista del no creyente nada tiene sentido. Todos los seres son extraños y enemigos unos de otros. El no creyente cree que todos los seres avanzan rápidamente hacia el mundo de la no existencia. El temor y la ansiedad que se desprenden de su creencia de que él mismo caerá en una oscuridad eterna hacen que el mundo sea una mazmorra para él. Su mundo está lleno de oscuridad y problemas. Su alma está rodeada por la oscuridad de la suciedad, el odio y la desobediencia en lugar de por la luz del amor y el afecto. Tal hombre vive un infierno en este mundo antes de ir al Infierno real.

Una mirada a los seis aspectos del hombre con las lentes de la creencia

El hombre está vinculado a todas las criaturas y tiene tratos con todas ellas. Está obligado a vivir cerca de las cosas y seres que le rodean materialmente y espiritualmente debido a su naturaleza. En referencia a esto, cabe señalar que el hombre tiene seis aspectos: derecha, izquierda, delante, atrás, encima y debajo. Ya lleve las lentes de la creencia o las de la incredulidad, el hombre puede ver las criaturas y sus estados en estos seis aspectos:

El aspecto de la derecha: Este aspecto muestra el pasado. Cuando el pasado es visto a través de las lentes de la incredulidad, parece un gran cementerio. Esta visión produce en el hombre un gran terror y desesperación.

Sin embargo, cuando este aspecto es visto a través de las lentes de la creencia, el hombre ve que las personas que vivieron en el pasado han sido transferidas a un mundo mejor y más luminoso. Él considera que las tumbas y fosas son como túneles subterráneos excavados con el fin de llegar a un mundo luminoso. De este modo, la creencia da al hombre felicidad, consuelo y paz y le hace decir: “Gracias Al-lah”.

El aspecto de la izquierda: Cuando el aspecto de la izquierda, es decir el futuro, es visto a través de las lentes de la incredulidad, parece una tumba enorme, terrible y oscura que nos hará envolverá y nos destruirá haciendo que las serpientes y escorpiones nos devoren.

Sin embargo, cuando es visto a través de las lentes de la creencia, el futuro es visto como una mesa repleta de diferentes tipos de comida y bebida deliciosas y preparada por Al-lah, que ha creado al hombre de la nada, para aquel de quien tenga misericordia. Y esto nos hará decir “Gracias Al-lah” miles de veces.

El aspecto de arriba: un hombre que mira los cielos a través de las lentes de la incredulidad ve miles de millones de estrellas y astros que se mueven muy rápido y realizan acciones diferentes, como si se tratara de caballos de carreras o maniobras militares en el espacio interminable. Dado que él ignora que un Ser los controla, se sentirá angustiado y horrorizado.

Sin embargo, cuando un creyente mira hacia los cielos comprende que estas extrañas maniobras se llevan a cabo bajo el mando y control de un jefe. Él ve que las estrellas que adornan el mundo de los cielos son como velas que iluminan a los humanos. Dado que sabe que su destino está en las manos de alguien, ve con cariño las acciones que llevan a cabo en el universo en lugar de con terror o miedo. No basta así decir “Gracias Al-lah” miles de veces por la bendición de la creencia en lo que se refiere a los acontecimientos que tienen lugar en el universo.

El aspecto de abajo: Es la tierra. A una persona que ve el mundo a través de las lentes de la incredulidad, aquel se le asemeja a un animal que corre sin rumbo y de forma desenfrenada o a un bote cuyas tablas están rotas y carece de capitán y se siente así angustiado.

Sin embargo, si ve la tierra con las lentes de la creencia, se le asemejará a un barco que, bajo el mando de Al-lah, lleva comida, bebida, ropas y tripulantes y se mueve alrededor del sol. Y comenzará a decir: “Gracias Al-lah” muchas veces por la bendición que se origina en la creencia.

El aspecto de delante: Cuando un no creyente mira este aspecto, ve que todas las criaturas vivas, ya sean seres humanos o animales, se dirigen hacia adelante rápidamente hacia su desaparición. Es decir, hacia la no existencia. Dado que él sabe que él irá allí también tarde o temprano, se volverá loco por el miedo y la aflicción.

Sin embargo, para un creyente que mira a través de las lentes de la creencia el movimiento y discurrir de las personas en esa vida, sabe que este viaje no es hacia el mundo de la nada sino una simple mudanza, como sucede con el movimiento de los nómadas de una a otra meseta. Es una migración de la zona temporal hacia otra permanente, de la granja donde uno trabaja a la oficina de pago, de la tierra de las tribulaciones a la tierra de la gracia. Dado que él sabe que esta transferencia no es hacia el mundo de la no existencia, la ve con alegría y confianza.

Como resultado, las tribulaciones que acontecen en este camino hacia la muerte y la tumba son acontecimientos felices. El camino al mundo luminoso pasa por la tumba del mismo modo que los acontecimientos más felices son el resultado de los peores desastres. Así por ejemplo, el Profeta Yusuf (José) alcanzó el sultanato de Egipto sólo después de haber sido arrojado a un pozo por sus hermanos y encarcelado por la calumnia de Zaliha.

Del mismo modo que un niño viene al mundo a través del vientre de su madre, alcanza la bendición de este mundo como resultado de las tribulaciones y dolores que experimenta en el túnel.

El aspecto de detrás: Si se ve este aspecto a través de las lentes de la incredulidad, las preguntas “¿Adónde vamos y de dónde venimos? y ¿Por qué venimos al mundo?”, que se hacen las personas, no pueden ser contestadas y el no creyente sufre así la tortura de la duda.

Sin embargo, si una persona ve este aspecto con las lentes de un creyente comprende que estas personas son transeúntes enviados por Al-lah para que sean testigos de los milagros de Su poder, que se muestran en la exposición del universo. Ella alcanzará una comprensión sobre el significado del universo, que Al-lah quiere que conozca, según su nivel de entendimiento, y mas tarde retornará a Él. Ella dirá: “Gracias Al-lah” por la bendición de la creencia, que le hace ganar esta otra bendición del conocimiento.

Estos seis aspectos del hombre se ven, pues, iluminados gracias a la creencia. Todos los tiempos y lugares se transforman en un mundo grande y confortable. El mundo entero se convierte virtualmente en una casa que él conoce, con la que está familiarizado y en la que se siente seguro. De este modo, se convierte en un sultán del universo gracias a la creencia.

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